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Os damos la bienvenida al blog oficial de la “Cátedra de Ciencia y Humanismo” de la Universitat Rovira i Virgili.

La “Cátedra de Ciencia y Humanismo” ha sido creada recientemente para fomentar, promover y difundir los valores de la ciencia entre la sociedad desde la perspectiva humanística y favorecer su visibilidad social, es decir, generalizar y socializar el conocimiento en el ámbito de la ciencia. Aquí buscamos desarrollar estos objetivos.

Esta web pretende ser una interfaz de comunicación en la que se puedan encontrar expertos y ciudadanos en el intento de salvar una brecha que se va profundizando y que es peligrosa para todos. Sus fines son el intercambio de información y el desarrollo de un lenguaje común. No se trata de hacer “lobbying científico” para “evangelizar paganos”, sino de construir una herramienta que pueda ser a la vez una guía y un mapa para explorar territorios sólo aparentemente lejanos.

Nos proponemos considerar el valor social de las diferentes teorías y prácticas científicas, tanto en la actualidad como a lo largo de la Historia de la Ciencia y de la sociedad. Queremos analizar y profundizar sobre hechos y opiniones, a partir de la información que nos proporcionan los medios de comunicación de masas, pero apoyándonos también en la literatura especializada. Intentaremos recoger voces expertas desacordes, compararlas y debatirlas.

A tal fin, un esfuerzo especial será dirigido a la socialización/transmisión, en la medida de lo posible, del lenguaje específico. Hacer más comprensible el discurso científico, permite trabajar en la perspectiva de un progresivo empoderamiento de la sociedad civil y ésto a su vez puede mejorar y consolidar una relación de confianza con la comunidad científica.

De aquí el título, “Antikythera, útiles para la ciencia abierta”.

El mecanismo de Antikythera (del griego Αντικύθηρα, Anticitera en castellano) es una calculadora mecánica antigua, que data probablemente de finales del siglo II aC., descubierta en los restos de un naufragio hace más de un siglo. Durante todos estos años no ha dejado de despertar el interés de cualquiera se halla topado con ella. Hoy en día, científicos, ingenieros, historiadores y periodistas colaboran en el Antikythera Mechanism Research Project, una colaboración internacional de investigadores académicos que cuenta con el apoyo de algunas de las mejores empresas de alta tecnología del mundo, cuyo objetivo es reevaluar por completo la función y la importancia del Mecanismo de Antikythera. Desde 1924 se han publicado más de cien artículos en prestigiosas revistas internacionales sobre este pequeño aparato y al mismo tiempo no paran de surgir nuevos relatos extravagantes que lo describen como un oopart (out of place artifacts, o artefactos fuera de lugar) fabricado por algún extraterrestre o abandonado por misteriosos viajeros en el tiempo.

En la blogosfera se pueden encontrar muchas entradas interesantes y bien escritas sobre el tema. Hemos elegido la de La pizarra de Yuri por ser, en nuestra opinión, la más completa, además de haberse redactado con la cooperación del Dr. Tony Freeth, el secretario del Antikythera Mechanism Research Project. Aquí abajo os dejamos un extracto del post de Yuri para quienes quieran hacerse una idea en diez minutos, pero no nos cabe la menor duda de que merece la pena leer el original ya que explica muy bien la fascinante historia de este hallazgo y permite entender con claridad, sin muchos tecnicismos, los detalles del funcionamiento del mecanismo. Las negritas son nuestras.

La computadora de Anticitera

Faltaban unas seis u ocho décadas para el año cero que no fue cuando un buque de tecnología romana y unas trescientas toneladas de desplazamiento se hizo a la mar en el Mediterráneo Oriental. No sabemos realmente quién era su armador, ni el puerto de donde partió, ni a dónde se dirigía, ni en qué fecha exacta lo hizo, ni quiénes navegaban en él. Pero se hundió en la posición 35° 53′ norte 23° 18′ este, a poca distancia de un cabo septentrional de la isla de Anticitera (o Antiquitera) […]

Mapa del naufragio

Mapa del naufragio. [CC lapizarradeyuri.com ]

En octubre de 1900, casi veinte siglos después, un grupo de recolectores de esponjas […] hallaron el pecio, o lo que quedaba de él, a unos sesenta metros de profundidad. Contenía ánforas, estatuas de mármol y cobre, cerámica grecorromana y una diversidad de utensilios corrientes en los buques del último siglo antes de nuestra era. Basándose en los restos encontrados […] los arqueólogos concluyen que el naufragio tuvo que suceder entre el 85 y el 60 aC.

[…] entre los restos sumergidos se encontró también algo distinto. Algo francamente extraño. Estaba tan deteriorado por tanto tiempo bajo el mar que al principio no hizo más que levantar alguna ceja, empezando por la de su descubridor, el arqueólogo Valerios Stais (1902). Lo que Valerios recuperó del fondo, murmurando aquello de ¡qué curioso…!”, era una especie de mecanismo construido en bronce y compuesto por treinta engranajes. […]

Durante las siguientes décadas, se recuperaron un total de ochenta y tres fragmentos correspondientes a este objeto (82 según otras fuentes). Cabe dividirlos en una pieza central o mecanismo principal, cinco o seis secundarias y el resto terciarias, muchas de ellas poco más que esquirlas. Si quisieras verlo en persona, se conserva actualmente en la Colección del Bronce del Museo Arqueológico Nacional de Atenas. El conjunto mide treinta centímetros de alto, quince de largo y siete y medio de profundidad. Estaba dispuesto originalmente en una caja de madera de unos 34 x 18 x 9 cm, con puertas o tapas delanteras y traseras, así como inscripciones cubriendo la mayor parte del mecanismo. […]

Mecanismo de Anticitera, fragmento A (mecanismo principal), vista frontal, tal como se encuentra expuesto en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Imagen:. Wikimedia Commons. (Clic para ampliar)

La pieza que suele concentrar todo el interés, lógicamente, es el mecanismo principal que conserva veintisiete de los treinta engranajes; pero todas […] son testigos enigmáticos de un instante asombroso de la Antigüedad en el que alguien fue capaz de crear una sofisticada máquina cuyo grado de complejidad y perfección mecánica no surgiría otra vez hasta el siglo XIV europeo, mil cuatrocientos puñeteros años después. Su grado de miniaturización es aún más asombroso: pocas veces se vuelve a ver hasta la Edad Moderna. […]

[…] no es preciso irse al mundillo de los enigmas a saldo para valorar en su justa medida un objeto verdaderamente enigmático, verdaderamente asombroso y verdaderamente extraordinario como el mecanismo de Anticitera. En la opinión de este que te escribe, nos encontramos ante el objeto más portentoso de la Antigüedad, una manifestación suprema del conocimiento perdido con la destrucción de las grandes bibliotecas del pasado. Como, por ejemplo, la Biblioteca de Alejandría.

[…] Creado 1.200 años antes de que se desarrollaran los primeros relojes puramente mecánicos en Al-Ándalus, […] el propósito primario del mecanismo era mostrar diversos datos de índole astronómica en una serie de diales circulares o esferas (en el sentido relojero) situadas en la cara frontal y posterior, referidos a una fecha. Esta fecha se indicaba haciendo girar una manivela lateral, hoy perdida; la pieza con el orificio para introducirla se conserva. Había una esfera principal en la parte delantera y dos en la trasera, con otras más pequeñas en su interior. […]

Reconstrucción de las inscripciones en el mecanismo de Anticitera, a partir de las imágenes obtenidas por tomografía de rayos X. Imagen: © 2005 Antikythera Mechanism Research Project. (Clic para ampliar)

Reconstrucción de las inscripciones en el mecanismo de Anticitera, a partir de las imágenes obtenidas por tomografía de rayos X. Imagen: © 2005 Antikythera Mechanism Research Project. (Clic para ampliar) [de lapizarradeyuri.com ]

Así, el mecanismo de Anticitera resulta ser un pasmoso computador analógico, un autómata de la Antigüedad, que suma y aplica los conocimientos de toda la media luna donde se originó la civilización occidental (Grecia, Egipto, Levante, Mesopotamia). Esa es la clase de conocimiento desaparecido que se encontraba en lugares como la Biblioteca de Alejandría. Quien llevara consigo un mecanismo de Anticitera, estaba perfectamente ubicado en el tiempo con respecto al Sol, la Luna y las estrellas. Podía predecir las épocas de siembra y cosecha, los eclipses, las estaciones, practicar las formas de adivinación antigua (sí, lo que quieras, pero en aquella época era muy importante), todo. […]

Pero el mecanismo de Anticitera no es un oopart […] porque cuadra con la ciencia y la tecnología de más alto nivel disponible en el periodo, y además existen escritos de aquella época que se refieren a esta clase de aparatos. Por ejemplo, el contemporáneo Cicerón (106 – 43 aC) habla en su De re publica sobre dos dispositivos creados por por Arquímedes (287 – 212 aC) que parecen alguna especie de planetario de mesa por engranajes capaz de representar posiciones astronómicas y realizar predicciones en base a las mismas. Las máquinas de Ctesibio de Alejandría (285-222 aC) o Filón de Bizancio (280-220 aC) que culminarían en tiempos de Herón de Alejandría (10-70 dC) nos evocan una memoria casi perdida de objetos alimentados por medios mecánicos, neumáticos, hidráulicos e incluso a vapor; sistemas de cálculo analógico basados en el recuento de pasos de engranajes simples y compuestos; y toda una serie de autómatas elementales, entre muchas cosas más.

Hizo falta un avanzado nivel teórico para concebir una máquina así. Pero también estaba disponible por aquel entonces, si bien vendría a equivaler al nivel de la física teórica que se encuentra hoy en día detrás de instrumentos como el LHC. Las partes más difíciles y complejas son el ciclo metónico y el calípico que eran bien conocidos en el periodo e incluso antes, procedentes de las culturas mesopotámicas. Se desarrollaron tras los tiempos de Hiparco de Nicea, más de un siglo tras Eratóstenes de Cirene o Aristarco de Samos; y mucho después que Pitágoras y Eudoxo de Cnidos. A principios del siglo I aC, las culturas del Mediterráneo Oriental y la helénica en particular sabían del movimiento cíclico de los astros, incluyendo la precesión de los equinoccios; conocían que era posible calcularlo matemáticamente; y eran capaces de construir mecanismos para hacerlo.

Fotografía tomada de FREETH, T. (2010): “El mecanismo de Anticitera”, Investigación y Ciencia”, febrero 2010

Así pues, el mecanismo de Anticitera está contextualizado en su periodo histórico y no contiene nada ni está sustentado en nada que no supieran los griegos antiguos. Por tanto, no estamos ante el habitual misterio barato de pacotilla, sino ante un instrumento científico de muy alta tecnología […]

Existen indicios muy fuertes para pensar que hubo más, aunque sólo sea porque su grado de desarrollo y acabado hace muy difícil pensar que se tratara del primer intento de construir un dispositivo así. Pero, muy lamentablemente, estos otros objetos se han disuelto en el tiempo. Los tristes restos del mecanismo de Anticitera parecen ser el superviviente único de un tiempo perdido, cuya singularidad va a la par con su sofisticación y extrañeza. […]

Desde las profundidades del tiempo y el mar, silencioso en sus expositores del Museo Arqueológico Nacional de Atenas, el mecanismo de Anticitera aún guarda muchos misterios de los de verdad y un mensaje inquietante para nosotros. Contiene una advertencia. Nos dice que el progreso no está garantizado. Nos recuerda que las sociedades pueden retroceder, como sucedió: mil años largos, oiga, hasta que alguien volviera a hacer algo parecido. Las sociedades que dejan de aspirar a la libertad de pensamiento, que renuncian al avance de la ciencia, de las artes y de las ideas, que se acomodan o refugian en sus valores tradicionales (que a menudo no lo son tanto) y en los cantos de sirena de la superstición… se estancan, retroceden y retrocederán. Entre el mecanismo de Anticitera y el reloj de De’Dondi, su inmediato sucesor, hubo 1.400 años de tinieblas. Si el modelo de civilización que creó esta computadora de la Antigüedad hubiera podido seguir adelante, ¿por dónde andaríamos hoy, ya? 

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Este blog se desarrolla desde el Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES). Agradecemos a este centro el apoyo institucional y las facilidades prestadas para que se lleve a cabo.

La imagén de cabecera es un recorte de una obra del artista digital ToAPP (ToAPP 2008). Para ver la imágen entera visitar este enlace.

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